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Ignorar las escrituras, conduce al error. Conocerlas y entenderlas, nos guía a la sabiduría. Pablo, al hablarle a Timoteo sobre las escrituras, le dijo que ellas lo podían hacer sabio (2 Timoteo 3:15). El mismo Señor Jesucristo, expresó: “Los cielos y la tierra pasarán, más mi palabra no pasará”- mateo 24:35. Por eso, en la iglesia que pastoreo, decimos: “Si Dios lo dice, Dios lo hace”.

Es sumamente importante que estudiemos las sagradas escrituras. Y, al hacerlo, debemos tener una mente abierta, libre de ideas preconcebidas y de conceptos tradicionales. 

Mucha gente dice que cree en la Biblia y que conoce la biblia y algunos, hasta predican de la Biblia. No obstante, si analizas detenidamente sus argumentos, te das cuenta que lo que están diciendo es lo que alguien les ha dicho que la Biblia dice. No les consta de propio y personal conocimiento. Son meros agentes repetidores de argumentos prestados. Qué diferente es cuando tu vas a las escrituras y descubres por ti mismo, modus propio, lo que ellas dicen. Por eso, en nuestra iglesia y en todo nuestro ministerio, enfatizamos, sobre todas las cosas, el estudio serio y el análisis de las sagradas escrituras. No podemos basarnos en sueños; pues cualquiera se come unas sopas picantes y le da con soñar. Ya lo dijo Calderón De La Barca: “los sueños, sueños son”. No podemos guiarnos por las profecías pues existen “profetas” cataclísmicos y manufacturados que se inventan cosas fantasiosas y las emiten sin ninguna base Bíblica.


Lamentablemente, muchos creyentes, en lugar de basarse en el “Así dice el Señor” (en la Palabra), se basan en el “así dice fulana ó fulano” de tal. Eso en un asunto peligroso y un reflejo de inmadurez espiritual. Hoy, como nunca antes, tenemos que proclamar el mensaje de vida. Y, sólo la Palabra revelada produzca vida. Jesucristo dijo: “Mi palabra es espíritu y es vida” (Juan 6:63). 

La palabra de Dios, antes de ser palabra escrita, fue un pensamiento en la mente divina. Por eso, la palabra es el pensamiento de Dios expresado. Estamos llamados a ser portadores del pensamiento divino y del propósito eterno de Dios. Ignorar las escrituras es desconocer a Dios. .Por eso el Señor le dijo a los fariseos de sus días: “Erráis, IGNORANDO las Escrituras y el poder de Dios”. (Mat. 22:29)

Si los fariseos hubieran sabido lo que verdaderamente decían las escrituras, al ver a Jesús y sus actos lo hubieran identificado como la materialización o el cumplimiento de las escrituras y jamás lo hubieran rechazado. El error de los fariseos era que leían las Escrituras con unas ideas preconcebidas. Además, según Marcos, capitulo 7, ellos, le daban más importancia a la tradición de los hombres que a la palabra de Dios. El hecho de no conocer las escrituras para poder identificar a Jesús con la profecía escrita, condujo a los fariseos al error de creer que era un impostor. ¿Ves el peligro de ignorar las escrituras?


EL PELIGRO DE IGNORAR LAS ESCRITURAS

A. Ignorar las Escrituras conduce a la desviación doctrinal. 

Por no conocer las escrituras muchos son niños fluctuantes que, como dice Efesios 4:14, son “llevados por donde quiera de todo viento de doctrina.” ¡Y que muchos vientos de doctrina están soplando por ahí!

Sí, mis amados, ignorar las Escrituras, conduce a la desviación doctrinal. ¿Qué base tengo para decir eso? El Señor, hablando del Espíritu Santo dijo: “El os guiará a toda verdad” (Juan 1 6:13). ¿Cuál verdad?, ¿Qué es la verdad? El mismo Señor nos contesta: “Tu palabra es la verdad- Juan 17:17. Si el Espíritu Santo nos guiará a la verdad, y la verdad es la palabra ¿Cómo el mismo Espíritu Santo te va a guiar a quebrantar la palabra? ¡Imposible! Juan 10:35 dice que “la escritura no puede ser quebrantada”. 

El que, habiendo conocido la cumbre de la gracia, vuelve a revolcarse en el lodo del sincretismo religioso: quien, habiendo experimentado las riquezas de la Gracia, retorna a las limosnas del obscurantismo religioso; el que abandona el agua pura de la palabra bien trazada, para tomar el agua turbia de los caprichos e interpretaciones privadas; el tal, nunca, nunca, pero nunca podrá afirmar que el Espíritu Santo lo dirigió a eso… ¡No, no y, mil veces no!

B. Ignorar las Escrituras conduce a la dependencia emocional. 

El que no conoce la escritura que le dice que ya es templo del espíritu santo, tiene que estar buscando que le echen aceite, que lo tumben al piso o que lo soplen para que “le impartan la unción”.

El que conoce las escrituras dice: “Gracias Señor, tu palabra dice que “desde que creí, fui sellado con el espíritu santo” (Efesios 1:13).

El que no conoce la escritura, depende de “celebridades”, se convierte en un cavador de cisternas. Siempre está buscando algún nuevo evangelista con la última señal (como si el evangelista tuviera un “espiritote santote). Actúa como un incrédulo, siguiendo las señales. Eso, por no conocer la escritura, que dice: “Estas señales seguirán a los que creen”. Es triste que estemos siguiendo las señales, cuando las señales deben de seguirnos a nosotros. Las señales son para los incrédulos (Lucas 11:29). 

La dependencia emocional es una de las funestas consecuencias de no conocer las escrituras. Es así, como muchos caen en el misticismo y el espiritismo religioso. Siempre están buscando “sentir” algo especial o lograr algo sensacional. 

Místico era el rico en el infierno cuando le dijo a Abraham: “Envía a alguien de entre los muertos para que le predique a mis hermanos”. El Pensó: “Mis hermanos son duuuuros pero si ven un muerto predicando, creerán”. ¿Ves? Algo sensacional. Pero, ¿Qué le dijo Abraham? Lo llevó a la palabra: “A Moisés y a los profetas tienen, que los oigan”.

C. Ignorar las escrituras trae envanecimiento espiritual. 

Muchos, en el día de hoy, han caído en movimientos con matices ocultistas y sectarios. Enfatizan las “unciones corporales”, los “pactos secretos” y el ciego e incondicional “sometimiento discipular”.

Olvidando que el que ministra, es un servidor del pueblo, algunos líderes exigen reverencia y reclaman poseer hasta infabilidad. ¡Eso es ignorar las escrituras! El que conoce las escrituras no se envanece, no deja que los humos se le suban a la cabeza. Es un servidor y un eslabón de apoyo en el cuerpo de Cristo. 

D. Ignorar las escrituras lleva a la gente a las obras y los aleja de la fe. 

Observa a las grandes religiones y te darás cuenta de esta gran verdad. Los sistemas religiosos les indican a sus miembros que tienen un precio que pagar por su salvación. Que hay que hacer sacrificios y penitencias, que hay que echarse cenizas, que hay que ir puerta a puerta vendiendo libros en forma obligada… que hay que subir escaleras de rodillas, que hay que flagelar el cuerpo… 

¿Sabes lo que dice la Escritura?: “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo” (Filipenses 3:2) Cuando conoces las escrituras sabes que la misma fe que te unió a Cristo es la que te hace permanecer en él.

“EN CRISTO ESTAMOS COMPLETOS” - COL. 2:10


DTB
Jorge Altieri

 


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